Soy Marta Coll. Entrenadora personal especializada en suelo pélvico femenino. Pero antes que eso, soy mujer, madre y también una mujer que ha vivido durante años con disfunciones de suelo pélvico.
A los 38, después de varios años entrenando a otras mujeres, empecé a perder gotas de orina cada vez que demostraba un salto a la comba en clase. Me dijeron que era por mis partos. Que era lo normal. Que hiciera Kegels y, si iba a más, ya hablaríamos de cirugía.
Yo dije que no.
No porque fuera valiente. Sino porque sabía que si un cuerpo se podía recuperar de una rodilla operada, también se podía recuperar de esto.
Aguanté cuatro años cargando con esto en silencio. Sin contárselo a mi pareja. Cambiándome de ropa interior dos veces al día. Llevando salvaslip a clase. Apretando la mandíbula cuando me reía con mis amigas para que no se me notara.
A los 42, todo empeoró. Y mi ginecóloga, esta vez en serio, me habló de quirófano. De colocar una malla. Del postoperatorio. De los riesgos.
Le pedí tiempo para pensarlo.
Esa noche, en lugar de pensarlo, me puse a estudiar. En unos meses había leído más sobre suelo pélvico que en toda mi carrera. Y descubrí que casi todo lo que me habían enseñado, y casi todo lo que yo había estado enseñando a mis alumnas, estaba mal o incompleto.
Hoy tengo 53 años. Salto en clase sin miedo. Me río sin cruzar las piernas. Y no organizo mi día alrededor del baño más cercano.
Lo que construí para mí es el Método Pelvia. Y es lo que llevo más de 10 años aplicando con otras mujeres que han pasado por lo mismo.